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Al caminar por la calle

Llegando al parqueo de
   su vivienda

Si delincuentes se
   introducen o intentan
   ingresar a su hogar

Prevención para sus hijos
Prevención de secuestros

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El Cambio de una Vida Turbulenta

Tiene 26 años de edad y casi la mitad de su vida hizo de las calles su hogar. Elmo Molina fue «pirañita» y ya adolescente, temido líder de una pandilla. Consumió drogas, lastimó a muchos jóvenes como él y hasta fue a parar a la cárcel.

Pero su historia no terminó allí, pues cuando hay verdadera voluntad de cambio, nada es imposible. Y el caso de Elmo es una prueba de ello. Hoy, es un ejemplar padre de familia y miembro del Comité de Apoyo Social de la Municipalidad de Jesús María, donde trabaja «recuperando» pandilleros.

No le avergüenza recordar su pasado, ni mucho menos contarlo en público. «He aprendido a sacar lo bueno y lo malo de la vida, y sé que puedo estar con los jóvenes, trabajar con ellos, ayudarlos y que se integren a la sociedad», afirma.


Una Etapa Oscura

Elmo recuerda con mucha claridad el día en que decidió dejar a sus padres. Sólo tenía ocho años, pero miles de cosas inquietaban su mente. «Mi hogar estaba copado de problemas, especialmente económicos. Mis padres eran provincianos con una familia numerosa, y eso fue lo que quizá me empujó a salir a las calles, porque veía que realmente no tenía un hogar constituido».


Se dedicó a robar y con el tiempo conformó una de las pandillas más peligrosas del Cercado de Lima: «Los Halcones del Cercado», con 147 integrantes. En ese grupo –afirma- encontró reconocimiento, amistad y amor. «Sobre todo, me sentía seguro de tener gente a mi alrededor que me podía proteger, porque en mi casa me sentía como a la intemperie. Entre nosotros no había peleas y por el contrario imperaba el respeto. Lo malo era el robo, la droga, el alcohol y las riñas con otras pandillas», agrega.


Con el tiempo su vida tomó peores rumbos. A los 17 años ya integraba más de 25 pandillas que él mismo se encargó de organizar en Comas, El Agustino, Callao, Canto Grande y La Victoria. Sus malas acciones se internacionalizaron. Estuvo en Colombia, donde también se integró a pandillas, pero fue deportado e inmediatamente enviado a la cárcel por casi un año y siete meses. Cuando salió empezó a darse cuenta de las oportunidades que había dejado pasar en su vida. Casi ninguna de las personas a las que se acercó en busca de empleo le tenían confianza o le expresaron su apoyo.

«Ya no era un niño para estar en un centro de menores. Yo vi cómo mucha gente consumía drogas y destruía su vida y no quise eso para mí. Comencé a tratar de trabajar y a cambiar en medio de la burla y el rechazo de algunos de mis antiguos amigos», manifiesta.

El cambio de vida turbulenta

Apoyo Sincero

Felizmente no todas las personas le dieron la espalda. Elmo encontró a alguien que le extendió una mano de apoyo sincero. Necesitaba trabajar en lo que sea y se lo procuró esa persona.
«El primero que me ayudó fue el señor Fernando Rodríguez. Tenía una pequeña curtiembre, donde se trabajan pieles para confeccionar productos. Le dije: «Señor, yo quiero trabajar». Él sabía que yo robaba, pero me dio su confianza y le respondí muy bien. Viajamos a la selva a comprar material. Estuve trabajando tres años a su servicio y luego conocí a mi esposa», nos dice con los ojos iluminados y con una sonrisa en los labios.


De Pandillero a Promotor Social

Elmo vive hoy en Jesús María donde fue miembro del Comité de Apoyo Social de la municipalidad de este distrito. Allí desarrolló un trabajo de desarticulación de pandillas mediante actividades de ocupación sana y de oficios que les puedan servir a los jóvenes para salir adelante.


«Trabajo con 20 a 25 pandillas y también en San Juan de Lurigancho. Nos ocupamos en la desarticulación de pandillas mediante campeonatos de fulbito, «campamentos de náufragos» en la playa, para que liberen el estrés; terapia de fogata. Los jóvenes comienzan a hablar de sus problemas, de su casa, de sus «paltas». Tenemos pensado hacer encuentros de padres con hijos, para integrar a las familias».


Actualmente viene realizando una labor similar en el Comité de Seguridad Ciudadana de la Municipalidad Metropolitana de Lima. Su propia experiencia como antiguo «pandillero», no sólo le permite conocer todos los lados flacos de las pandillas, sino poder aconsejarles sobre el peligro que ellas representan.


Elmo está convencido que la integración de los jóvenes pandilleros a la sociedad depende del aporte de todos, pero fundamentalmente de que ellos mismos participen en su propia recuperación y tengan voluntad de cambio. En todo caso este es un buen ejemplo de que siempre hay una oportunidad en la vida y hay que saber aprovecharla.